lunes, 6 de octubre de 2008

Un señor maduro con una oreja verde

Un día, en el Expreso Soria Monteverde,
vi subir a un hombre con una oreja verde.

Ya joven no era, sino maduro parecía,
salvo la oreja, que verde seguía.

Me cambié de sitio para estar a su lado
y observar el fenómeno bien mirado.

Le dije: Señor, usted tiene ya cierta edad;
dígame, esa oreja verde, ¿le es de alguna utilidad?

Me contestó amablemente: yo ya soy persona vieja,
pues de joven sólo tengo esta oreja.

Es una oreja de niño, que me sirve para oír
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:

Oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan;

oigo también a los niños, cuando cuentan cosas
que a una oreja madura parecerían misteriosas.

Así habló el Señor de la oreja verde
aquel día, en el Expreso Soria Monteverde.

Gianni Rodari

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